15 octubre 2011

Halos nocturnos

Imposibilitado para dormir, me tiré en la cama mirando al techo y esperando que el señor de la noche traiga a sus súbditos para amarrarme a los sueños y dejarme inconsciente por un par de horas, pero no había caso, por más que llamaba y rogaba porque me ataque el sueño, no podía caer en la realidad de mi inconsciencia.
Después de intranquilizarme por unos minutos desesperantes, me di cuenta que veía figuras moverse a mi alrededor, observaba aureolas destellantes de una luz muy tenue y plateada envolver mi campo de visión y cerrarse en el centro de mi mirada. Iban y venían los halos, eran completamente inquietos, venían del extremo para ir cerrándose en el centro. Aureola tras aureola, halo tras halo, círculo tras círculo, uno más brillante, otro más grande, algunos encontraban su punto final en el centro y otras renacían del fondo para expandirse en todo el espacio.
En ciertos puntos podía ver pequeños destellos también, como mil estrellas en el cielo de mi visión, pequeñas luces de muchos colores, azules, rojas, amarillas, negras. Todas brillaban y así como se dejaban ver, desaparecían al instante.
Eran imágenes maravillosas, que me despertaban muchísimo interés, aunque me veía un poco invadido por los movimientos danzantes de las luces en este momento de mi día que lo único que quería era un poco de paz, tranquilidad mental y corporal, donde mi cerebro se saca las baterías y las pone para recargar.
En el transcurso de todas estas visiones, me di cuenta que el sueño no llegaba, y que para colmo, estas visiones las estaba teniendo con los ojos cerrados. No alcanzaba con que mi cuerpo no me pida descanso y tenga energía para seguir la jornada, sino que mis malditos ojos, me transmitían imágenes, tanto abiertos mostrando mi habitación con la luz que entraba desde la calle por la ventana como cerrados con todo este circo psicodélico invadiéndome.
Condenado a mantenerme consiente, con imágenes que me distraían para enfocar mi concentración en la captura del sueño, opte por cerrar los ojos, por el simple hecho de que es más fácil atrapar el sueño en esta posición y no tanto por las ganas de seguir observando estas imágenes que me atacaban para no dejarme descansar.
Al fin y al cabo, mi único petitorio era un poco de inactividad y mi propio cuerpo se estaba negando a otorgármelo, en consecuencia no tuve otra alternativa que dejarme hipnotizar por los halos danzantes de mi cerebro.


MattMara

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