20 junio 2011

Al centro y pa'dentro

Flotando en el aire, mi mente caía lentamente, como una pluma que se deja llevar por la briza, hasta la tierra. Mis ojos se abrían despacio y limitados por la luz cegadora, solo podía vislumbrar una línea de realidad. Qué había pasado ayer? Cómo llegué hasta mi cama? Donde están mis compañeros? Qué día es hoy?
Me voy acostumbrando a la luz diurna y puedo abrir los ojos lentamente, tengo la intensión de levantarme pero mi cuerpo me pide un rato más de descanso, un rato más de horizontalidad para poder recargar una parte de las energías que tanto gasté la noche anterior.
Mi mente tampoco estaba despejada como uno puede decir, estaba en medio de una nebulosa de momentos, recuerdos y sensaciones de mareo.
Me levanto. Por un segundo pierdo el equilibrio, pero al instante tomo el control de mi cuerpo y me dispongo de avanzar. Como de costumbre cuando me despierto, me dirijo hacia el baño para poder aclarar mi mente y alinearla con la realidad, pero como en estas mañanas de resaca, evito hasta el último momento ver mi rostro desfigurado por la noche que todavía me persigue, ver mi lengua marrón y mis ojos de serpiente. Inevitablemente me enfrento a mi verdadero yo exterior y me lavo lentamente la cara para poder ocultarla bajo una máscara, opacando la luna de ayer con el sol de hoy.
La bebida es el amigo de los eventos sociales y de las noches, pero el enemigo de la soledad y las mañanas. Me sentía despedazado, había perdido una parte bajo la luna, el día anterior y la otra seguía en la cama. Muy poco había de mí en ese momento, frente al espejo.
Cuanta debilidad tengo bajo los llamados de la bebida, pero hasta acá he llegado, así es, tengo que controlar mi esencia, ser dueño de mis propios sentidos y actos, estar despejado en todo momento, si, ya lo decidí, dejaré la bebida.
He tomado la decisión, muy importante en mi vida, dejo la bebida, es tiempo de encarar la cruda realidad con los ojos bien abiertos. No hay vuelta atrás, mi decisión es inexorable y seria, no volveré a sufrir estas agonías cada vez que bese un vaso. Mi cuerpo dijo basta.
Ja! qué alegría, cuanta energía, ya siento y veo mi nueva vida, quiero compartir con el mundo mi nuevo camino, de compartir la felicidad con mis seres más queridos.
Por favor, les pido a ustedes, amigos, levantemos juntos nuestras copas de vino. Propongo un brindis!

MattMara

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